Una Unión Europea más ecológica para superar la pandemia

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Una Unión Europea más ecológica para superar la pandemia

La radiografía semanal de EL MUNDO de la Europa post-coronavirus se centra hoy en el medio ambiente. La transición ‘verde’ es uno de los ejes del Plan de Recuperación que se debate esta semana y que será decisivo para lograr la descarbonización de la economía en 2050.

«La pandemia es un recordatorio de la íntima y delicada relación entre las personas y el planeta». Con estas palabras, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advertía a los gobiernos de que «cualquier esfuerzo por hacer nuestro mundo más seguro está condenado a fracasar a menos que aborde la conexión crucial entre las personas y los patógenos y la amenaza existencial del cambio climático»».

Para la OMS, «tratar de ahorrar dinero dejando de lado la protección del medio ambiente, la preparación ante emergencias, los sistemas de salud y las redes de seguridad social ha resultado ser un falso ahorro y ahora lo estamos pagando con creces». Por eso, en un manifiesto ha llamado la atención de los líderes de los países para que las millonarias inversiones que van a hacer para reactivar sus economías por la crisis del Covid-19 tengan como ejes la salud y el medio ambiente.

Para España y el resto de países de la Unión Europea, esta semana es crucial para mantener esa senda verde. Los días 17 y 18 de julio se celebrará en Bruselas el Consejo Europeo en el que se volverá a discutir el esperado plan de recuperación económica para paliar los efectos económicos del coronavirus y el presupuesto revisado para el periodo 2021-2027.

En la reunión del 20 de junio, que concluyó sin acuerdo por la oposición de Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia, se propuso un plan de recuperación de 750.000 millones de euros (entre subsidios y préstamos) y un presupuesto plurianual comunitario para el periodo 2021-2027 de 1,1 billones que, de cara a la nueva negociación, ha sido rebajado a 1,074 billones, y de los que una cuarta parte podría destinarse a la acción climática, según la propuesta de la Comisión.

«La transformación digital y el camino hacia una transición ecológica justa serán los ejes de las reformas y de ese plan recuperación», señala en conversación telefónica el europarlamentario socialista César Luena. El también vicepresidente de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo considera que, a pesar de que el impacto de la pandemia «está siendo terrible», tanto los estados miembros como las instituciones comunitarias «han sabido reaccionar antes y mejor que en la crisis de 2008 para que las capas sociales menos favorecidas tengan protección y las economías más afectadas reciban ayudas».

«La economía circular, el hidrógeno, la electrificación, las energías renovables, la renovación de edificios, la preservación de los bosques y la descarbonización del transporte son algunos de los nuevos elementos en los que se centrarán las inversiones del Plan de Recuperación», apunta Dolors Montserrat, eurodiputada por el PP, quien subraya no obstante «que hay que acompañar esta defensa del medio ambiente con reformas necesarias que impulsen la economía y fomenten la creación de empleo, más empleo y de calidad».

En una resolución aprobada el 15 de mayo, los eurodiputados pidieron que las inversiones dentro del plan de recuperación tras la pandemia den prioridad al capítulo verde, siguiendo con la hoja de ruta que la UE trazó antes de que el coronavirus hiciera su aparición.

EL PACTO VERDE
Y es que los meses previos a la llegada de la pandemia a Europa se caracterizaron por una intensa actividad en políticas e iniciativas ambientales. El 28 de noviembre de 2019, el Parlamento Europeo declaró la emergencia climática y pidió que toda la legislación pertinente de la UE fuera en línea con el objetivo de mantener la subida de la temperatura global por debajo de los 1,5 grados centígrados (respecto a la que había al inicio de la era industrial). Un par de semanas más tarde y coincidiendo con la celebración en Madrid de la Cumbre del Clima, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentaba el Pacto Verde (Green Deal) con el que la UE pretende llegar a la neutralidad climática a mediados de siglo, es decir, lograr que se emita la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de la que se retira por distintas vías, lo que deja un balance cero de emisiones.

A pesar de la pandemia, mantenemos el objetivo de convertirnos en 2050 en la primera economía descarbonizada del mundo», asegura Soraya Rodríguez. La eurodiputada por Ciudadanos subraya que «el Green Deal no es una agenda ambiental, se trata de la agenda completa de desarrollo económico y social de Europa para los próximos 5 años». A su juicio, si no somos capaces de hacer ahora una inversión intensiva en I+D+i, Europa no será capaz de encontrar las soluciones energéticas necesarias para cumplir con sus objetivos climáticos.

Como detalla la eurodiputada de Ciudadanos, dentro del Pacto Verde se engloban cinco estrategias principales cuyo calendario previsto de implantación no se está viendo alterado pese a la crisis de la Covid-19: «La futura Ley Climática, que estará alineada con el Acuerdo del Clima de París; la Estrategia de Biodiversidad, que es la respuesta al deterioro medioambiental y de colapso de los ecosistemas que existe en estos momentos; la de Economía circular, que implica una nueva forma de producir y consumir; la estrategia de la Granja a la mesa, que involucra a toda la cadena alimentaria y la estrategia de químicos».

LA SENDA HACIA LA DESCARBONIZACIÓN
La futura Ley de Cambio Climático establece como objetivo lograr la neutralidad en las emisiones de CO2 en 2050. La etapa intermedia es 2030, para la que actualmente la UE tiene como objetivo reducir las emisiones en un 40% respecto a las que había en 1990. Sin embargo, el Parlamento Europeo quiere que la ley climática incluya objetivos más elevados (un recorte del 55% respecto a las que había en 1990, en vez de al menos el 50% y hacia el 55% de manera responsable, como proponía la Comisión Europea).

Aunque la UE debía adoptar esos objetivos de reducción de emisiones revisados antes de la Cumbre del Clima que iba a celebrarse en Glasgow en noviembre, ésta se ha pospuesto un año por el coronavirus. «El objetivo es que la UE pueda presentar nuevos compromisos en la siguiente cumbre del clima, liderar con el ejemplo, y conseguir que China asuma objetivos ambiciosos en la lucha contra el cambio climático», dice Dolors Montserrat.

Soraya Rodríguez espera que se aumente el objetivo europeo para reducir un 55% las emisiones para 2030, aunque subraya que el compromiso debe ser de todos los países.

«Con las medidas ya adoptadas, parece que podríamos llegar al 45% de reducción en 2030. No sé si se puede alcanzar el 50% o el 55%, porque no disponemos de datos incontestables», apunta Dolors Montserrat. «Deben evaluarse de manera clara y transparente las consecuencias que para empresas y ciudadanos tiene la elevación de los objetivos de reducción de emisiones», añade la eurodiputada por el PP, que considera que «en la defensa del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático no cabe ni el negacionismo de la extrema derecha ni la histeria de la extrema izquierda, sólo caben políticas serias, sensatas y responsables».

EVITAR EL ‘ECOBLANQUEO’
Para alcanzar esos objetivos climáticos y energéticos en 2030, hace falta atraer inversiones adicionales, públicas y privadas: 260.000 millones de euros anuales, según cálculos de la Comisión. Pero tal y como plantea el Plan Verde europeo esas inversiones además de, naturalmente, aportar financiación, deben ser en actividades que no perjudiquen el medio ambiente. Para evitar el llamado ecoblanqueo, es decir, definir algo como sostenible o ecológico cuando en realidad no lo es, el Parlamento Europeo acaba de aprobar los criterios que determinan si una actividad económica es sostenible y contribuye a reducir emisiones.

El reglamento sobre inversiones sostenibles establece seis objetivos medioambientales y permite que una actividad económica sea considerada sostenible si contribuye al menos a uno de ellos sin perjudicar de manera significativa a ninguno de los otros. Esos objetivos son la adaptación al cambio climático, el uso sostenible y la protección de los recursos hídricos y marinos; la transición hacia una economía circular; la prevención y control de la contaminación, y la protección y restauración de la biodiversidad y los ecosistemas. César Luena considera que se trata «de un buen reglamento, riguroso, que va a ayudar a que la transición ecológica sea más justa». También cree que esa transición va a requerir esfuerzos a la sociedad, esfuerzos necesarios porque tenemos que adaptarnos y para eso, van a estar las ayudas, todas las que sean necesarias», señala.

Para realizar con éxito esa transición verde, Dolors Montserrat resalta la importancia de mantener la cohesión social y territorial: «El nuevo Fondo de Transición Justa, tan importante para algunas provincias españolas, nos debe ayudar a sustituir minas y plantas contaminantes por actividades más acordes con las nuevas prioridades ambientales».

De forma paralela a los grandes objetivos de reducción de emisiones, la Unión Europea financia a través del programa LIFE una serie de proyectos específicos con objetivos muy diversos y concretos. Entre ellos, figuran la recuperación de 150 kilómetros de cañadas en España para promover su uso por parte de ganaderos y conservar la biodiversidad, proyectos para reducir el uso de pesticidas, aumentar la resistencia del bosque mediterráneo ante el cambio climático, reciclar residuos procedentes de la producción de aceite de oliva o la recuperación de zonas dañadas por la minería para mejorar la calidad del agua.

¿Hasta qué punto consideran importantes las políticas e inversiones ambientales en una época de crisis como ésta? Según los resultados de un estudio del think tank europeo European Council on Foreign Relations (ECFR), en torno al 40% de los encuestados en los Estados miembros, excepto en Dinamarca (22%), Suecia (31%) y Francia (37%), indicaron que su apoyo a la implementación de medidas contra el cambio climático se había incrementado durante la pandemia. Los encuestados españoles (60%) y portugueses (58%) tendieron más a afirmar que su apoyo por la implementación de tales medidas había aumentado.

Por otro lado, el último Eurobarómetro, publicado el pasado marzo con datos recogidos en diciembre, reflejaba que el 94 % de los ciudadanos de todos los Estados miembros consideraba que la protección del medio ambiente era importante para ellos. Además, el 91 % de los ciudadanos afirma que el cambio climático es un problema grave y el 83 % veía necesaria legislación europea para proteger el medio ambiente.

NUEVAS FORMAS DE ALMACENAR ENERGÍA ‘VERDE’
Las energías renovables constituyen un capítulo clave para lograr los objetivos de reducción de emisiones. Según cálculos de la Comisión Europea, la UE debe multiplicar por seis su capacidad de almacenar energía para alcanzar las emisiones neutras de dióxido de carbono (CO2) en 2050, como se ha propuesto. Uno de los obstáculos para la generalización de las energías ‘limpias’ es que la producción de la eólica y solar es variable y no está siempre disponible en las cantidades que se necesitan, por lo que hacen falta mejores sistemas para almacenar la producción energética de fuentes renovables.

En esa línea, el Parlamento Europeo aprobó la pasada semana una resolución en la que destacan el potencial del llamado hidrógeno verde (hidrógeno obtenido a partir de fuentes renovables) y proponen impulsar soluciones de almacenamiento energético descentralizado, como baterías domésticas, sistemas energéticos inteligentes o de almacenamiento de calor en los domicilios. También respaldan los trabajos de la Comisión para crear estándares europeos sobre baterías con el objetivo de reducir la dependencia de la produ-cción en otros países.

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