Qué significa para Medio Oriente la reconciliación de Arabia

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Qué significa para Medio Oriente la reconciliación de Arabia Saudita con Qatar y cómo puede afectar a Irán

Mohammed bin Salman recibió esta semana al emir qatarí, Tamim bin Hamad al-Thani, y anunció el levantamiento del boicot que mantenía contra su vecino junto a Egipto, Emiratos Árabes y Bahréin. El fracaso de la medida y la búsqueda de consolidar un frente común contra Teherán, dos factores determinantes detrás de la decisión.

“El Reino está feliz de recibirlo”, le dijo el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS), jefe de gobierno fáctico de Arabia Saudita, al jeque Tamim bin Hamad al-Thani, emir de Qatar. El encuentro —impensable meses atrás— se produjo el martes en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Al-Ula, ubicado en la región de Medina, una de las tres ciudades sagradas del islam.

Fue la escena de la reconciliación entre estos países vecinos, de relación tensa desde hace muchos años, que se había roto del todo en junio de 2017, cuando Riad impuso un boicot contra Doha que fue acompañado por Egipto, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos. El cuarteto de naciones lideradas por Arabia Saudita anunció el martes que levantaría el bloqueo y reestablecería los vínculos comerciales y diplomáticos con Qatar.

La drástica sanción fue un intento extremo de forzar al pequeño pero rico país del Golfo Pérsico a alinear su política exterior a la de Riad, la gran potencia del mundo árabe. Los vecinos lo acusan de tener una relación demasiado estrecha con Irán y con Turquía, y de apoyar a grupos islamistas y terroristas, algo que Doha niega.

El acercamiento fue una admisión del fracaso de las medidas, que fueron levantadas sin que Qatar conceda ninguna de las principales demandas que había hecho el grupo en 2017, que incluían, entre otras cosas, el cierre de Al Jazeera, la cadena de televisión de noticias más importante de la región. Lo único que aceptó Al-Thani fue suspender reclamos que había presentado ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y firmar un pacto de no intromisión en los asuntos internos de los otros países.

Lo cierto es que el boicot estaba afectando económicamente a todas las partes. Además, estaba afianzando los lazos que pretendía cortar. Ante el aislamiento, Qatar se acercó aún más a Irán y a Turquía, que le vendieron productos y le ofrecieron servicios que antes conseguía de los otros países.

“La decisión del cuarteto árabe de normalizar las relaciones con Qatar no fue una sorpresa. Las negociaciones a puertas cerradas se desarrollaron durante bastante tiempo bajo el papel mediador de Kuwait, que recibió un impulso adicional en diciembre, después de que se sumara Jared Kushner, yerno y asesor especial de Donald Trump. Los intentos de coaccionar a Qatar para que se sometiera no dieron ningún resultado. Doha más bien forjó un curso de política exterior más sólido e independiente, con la ayuda activa de Irán y Turquía. El acuerdo de ‘solidaridad y estabilidad’ que los estados bloqueadores firmaron con Qatar no hace referencia a sus demandas originales. Esto indica claramente una victoria política y diplomática para Qatar y una derrota para los otros cuatro”, explicó Mohammed Nuruzzaman, profesor de ciencia política de la Universidad del Golfo para la Ciencia y la Tecnología, consultado por Infobae.

La paz se selló en la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), del que participan todos los involucrados —menos Egipto—, además de Omán y Kuwait. En su discurso en la ceremonia de apertura, MBS enfatizó que la prioridad debe ser unirse contra Irán, a quien considera el enemigo común.

“Necesitamos unidad para contrarrestar las amenazas contra nuestra región, representadas en el programa nuclear del régimen iraní, sus misiles balísticos y el programa de sabotaje adoptado por grupos asociados”, dijo MBS. “Esto exige que la comunidad internacional trabaje seriamente para oponerse a estas prácticas nocivas que amenazan la paz de la región y del mundo”.

Un boicot fallido

A pesar de ser un país diminuto, de apenas 2,7 millones de habitantes, Qatar es extraordinariamente rico. Gracias a que cuenta con más del 10% de las reservas gasíferas del mundo, tiene un PIB per cápita de USD 63.260 (precios constantes), el sexto más alto del mundo.

No está en condiciones de competir directamente con Arabia Saudita, que tiene 33,7 millones de habitantes y un PIB cuatro veces más grande. Pero sí tiene el margen de seguir una política autónoma. Fue el jeque Hamad bin Khalifa al-Thani, padre y antecesor del actual emir, quien aceleró ese curso de acción a partir de su llegada al trono, en 1995. Desde ese momento, Qatar adoptó una política exterior muy audaz, por momentos temeraria.

Parte esencial de ese proyecto es Al Jazeera, la cadena de televisión que lanzó el país en 1996, que hoy se convirtió en un imperio con oficinas en 80 países. Desde el comienzo, la intención fue promover en todo el mundo árabe ciertos intereses e ideas afines al gobierno qatarí. Su presencia fue muy notoria en la guerra de Afganistán, desde donde transmitía en vivo, y por su difusión de los videos de Osama bin Laden, por lo que lo acusan de promover a grupos islamistas.

Las consecuencias económicas del bloqueo fueron significativas para todos los involucrados. Por ejemplo, el comercio entre los Emiratos Árabes y Qatar pasó de USD 3.500 millones a nada. La industria turística, muy importante en el emirato, sufrió un golpe muy fuerte porque tres de los cuatro países estaban entre los cinco que más visitantes aportaban. Fueron más de un millón de personas que dejaron de ir de un año a otro.

“¿Por qué MBS terminó con el boicot?”, se preguntó el historiador J. E. Peterson, analista político independiente de la Península Arábiga y del Golfo. “Porque no le estaba dando nada. Qatar no se puso de rodillas, se acercó a Irán y profundizó sus relaciones con países opuestos a Arabia Saudita, como Turquía. No estaba perjudicando a Qatar, era evidentemente inútil, y de hecho estaba afectando los objetivos regionales sauditas. Era hora, parece, de que MBS se tomara el trago amargo, terminara el boicot y diera la bienvenida a Doha de nuevo al redil”, dijo a Infobae.

Al-Thani sabía que contaba con reservas suficientes para asimilar los costos adicionales provocados por el aislamiento forzado, así que no se mostró nunca dispuesto a ceder. También fueron importantes Irán y Turquía, que aprovecharon para incrementar su influencia sobre el país, aportando los alimentos y los medicamentos que antes proveían sus vecinos.

“Arabia Saudita terminó reconociendo, en primer lugar, que el boicot no había dado ningún resultado, y que no iba a hacerlo. Segundo, que estaba siendo contraproducente, al empujar a Qatar hacia Irán y Turquía, y que le estaba dando a Teherán cientos de millones de dólares en derechos de sobrevuelo pagados por Qatar. Tercero, que sólo cosechó críticas en Estados Unidos, en un momento en que su buena voluntad era esencial para atraer la inversión extranjera directa necesaria para hacer realidad a ‘Visión 2030′ (el proyecto de modernización de MBS). Ahora, con la llegada a la presidencia de Joe Biden, que tiene una mirada más crítica de MBS, se vio que era el momento adecuado para hacer este gesto relativamente fácil”, sostuvo Gerd Nonneman, profesor de relaciones internacionales y estudios del Golfo de la Universidad de Georgetown, en diálogo con Infobae.

Estos factores fueron decisivos en el cambio de estrategia de MBS. También influyeron los esfuerzos diplomáticos de Kuwait y del gobierno de Donald Trump, que encontró en Kushner a un actor relevante en muchos de los pactos que selló en la región en los últimos meses. Los acuerdos de paz de Emiratos Árabes y Bahréin con Israel fueron un antecedente importante.

Pero más allá de lo hecho por la administración Trump, Sir Graham Boyce, diplomático retirado y ex embajador del Reino Unido en Qatar, Egipto y Kuwait, cree que fue más importante la intención de MBS de anticiparse a lo que puede cambiar con Biden en la Casa Blanca. “Lo que impulsó el levantamiento del bloqueo fue la comprensión saudita de que necesitaban mejorar su imagen una vez que perdieran la cobertura de Trump, que había vetado medidas aprobadas por el Congreso contra Arabia Saudita —dijo a Infobae—. En el terreno no cambió casi nada. Qatar salió del bloqueo con apenas algunas dificultades iniciales. No parece que hayan hecho más concesiones que bajarle el tono a Al Jazeera en el marco de un acuerdo conjunto para poner fin a la guerra propagandística, además de retirar los reclamos en la OMC. Pero casi todas las 13 demandas originales eran en cualquier caso inalcanzables por diversas razones”.

El factor Irán

Uno de los objetivos de Arabia Saudita cuando estableció el boicot era que Qatar corte o disminuya sus vínculos con Irán. Ocurrió exactamente lo contrario. Por eso, no hay muchas razones para esperar que ahora, que desapareció la presión, Doha vaya darle el gusto.

“Esto no cambiará fundamentalmente las relaciones entre Qatar e Irán, que nunca formaron una alianza —dijo Nonneman—. Hay que recordar que Doha estuvo completamente en contra de la política iraní en Siria, por ejemplo. Lo que siempre quisieron los dirigentes qataríes es un modus vivendi pragmático, dado que sentían que no tenían otra opción y que Irán no representaría una amenaza grave para Qatar. El boicot los empujó a depender aún más de Irán para las rutas de vuelo y el comercio. Ahora, aunque algo de eso disminuirá, en esencia, la relación seguirá siendo de un modus vivendi cauteloso y pragmático”.

Sin embargo, es posible que haya ciertos reacomodamientos en la región que pueden ser perjudiciales para los intereses iraníes. En lo inmediato, Qatar ya no tendrá la necesidad de comprarle como durante estos tres años, pagando mucho más caro. Por ejemplo, por cada avión que debía sobrevolar su espacio aéreo ante la imposibilidad de pasar por el saudita, alargando y encareciendo los vuelos.

Por otro lado, el objetivo del emirato nunca fue incorporarse al eje iraní, sino mantenerse independiente, asociándose a quien más le convenga según las circunstancias. Pero el mantenimiento del bloqueo por mucho tiempo más podía forzarlo a recostarse cada vez más sobre Teherán para no quedar totalmente aislado. Ahora está en condiciones de tomar más distancia.

La unidad del mundo árabe puede ser potencialmente peligrosa para Irán. Para Washington, que durante los cuatro años de Trump estuvo obsesionado con aumentar al máximo la presión sobre la República Islámica, la ruptura del eje del Golfo corporizado en el CCG era un obstáculo.

De hecho, tanto para Estados Unidos como para los países árabes que decidieron establecer relaciones con Israel, lo que está detrás de ese acercamiento es la convicción de que, más allá de las diferencias que tienen entre sí, los une un enemigo común, que es Irán. En ese sentido, la reconciliación entre Arabia Saudita y Qatar puede verse como un paso más en el proyecto de aislar a Teherán.

“No creo que esto sea suficiente para cambiar las relaciones entre Qatar e Irán. El yacimiento de gas compartido significa que siempre tendrán que hablar. Es cierto que Doha debería tener menor necesidad de comerciar con Irán, por lo que esperaría que la relación volviera al estado anterior al bloqueo. En general, la reintegración del CCG facilita que el grupo reclame un lugar en cualquier debate multilateral sobre el Irán, como los sauditas han reclamado durante mucho tiempo. Esto no debería dificultar más las conversaciones, ya que en el Golfo se está comprendiendo cada vez más que no hay garantías de un rescate estadounidense en caso de actos hostiles por parte de Teherán, por lo que es mejor que empiecen a aprender a convivir. Además, la nueva amistad con Israel tiene un ángulo iraní inesperado: es mucho menos probable que Israel lance ataques militares directos contra Irán, ya que probablemente tomaría represalias contra sus nuevos mejores amigos”, sostuvo Boyce.

Tampoco se puede soslayar que la relación con Irán es un activo para Qatar, como quedó demostrado durante el boicot, cuando contó inmediatamente con su apoyo para hacerle frente. Si rompiera con Teherán podría quedar a merced de Riad, que es precisamente lo que la dinastía Al-Thani viene tratando de evitar desde hace tiempo.

“La obsesión saudita por Irán es en parte una preocupación legítima, dada la naturaleza del régimen de Teherán, pero ha exagerado mucho en los últimos años. En el fondo, Irán y Arabia Saudita son vecinos en el Golfo y eso nunca cambiará. Hay que aprender a vivir con vecinos así, sin importar lo desagradable o inestables que puedan ser. Darle la bienvenida a Qatar de nuevo en el seno del CCG puede ayudar de alguna manera a la causa de contrarrestar a Irán, pero es imposible para Doha cortar sus lazos con Teherán. En primer lugar, los dos países comparten uno de los mayores yacimientos de gas del mundo y esto inevitablemente crea cooperación económica, si no coordinación. Igualmente importante es que Hamad bin Khalifa al-Thani se embarcó en una política exterior radical que significaba equilibrar a un vecino más poderoso, Arabia Saudita, que cuenta con un protector mucho más poderoso, Estados Unidos. Esta política ha continuado con Tamim bin Hamad al-Thani y no es probable que cambie. Puede que haya un sutil distanciamiento de Irán e incluso de Turquía a medida que los patrones políticos y comerciales se ajusten a la vida en el CCG, pero no veo que cambien demasiado las relaciones”, anticipó Peterson.

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