La serie de errores que convirtieron a Brasil en el tercer

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La serie de errores que convirtieron a Brasil en el tercer país del mundo con más casos de coronavirus

Los contradictorios mensajes del Presidente, Jair Bolsonaro, la salida de dos ministros de Salud, la falta de coordinación entre autoridades y el falso optimismo pudieron haber afectado y empeorado la crítica situación que vive actualmente el país sudamericano ante la pandemia.

El lunes Brasil se convirtió en el tercer país más afectado por el coronavirus en el mundo, después de superar a Reino Unido en número de casos y mientras las cifras siguen creciendo de forma exponencial debido, en gran parte, a la crisis sanitaria e inestabilidad política que se vive en el país sudamericano. Según cifras de la Universidad Johns Hopkins, Brasil registra hasta este martes 257.396 contagiados de covid-19 y 16.941 fallecidos, lo que representa una tasa de letalidad por la enfermedad de 6,58%. ¿Cómo Brasil llegó a ser el epicentro de la pandemia en Sudamérica?

Los confusos mensajes del Presidente El 26 de febrero pasado se registró en Brasil el primer caso de coronavirus detectado en Sudamérica, y desde entonces el panorama ha sido sombrío, y se vislumbra que siga empeorando. Recién el 15 de mayo pasado el país de 209,5 millones de habitantes tuvo su peor registro de casos diarios, reportando en un día poco más de 17.100 casos, situación que se ve agravada por las desigualdades y un sistema de salud con múltiples carencias, el cual todavía tiene desafíos por delante ya que quedan algunas semanas para llegar a su peak en julio, según las proyecciones de las autoridades. Pero además de la crítica situación que se vive en Brasil, uno de los puntos que más ha llamado la atención en la lucha del coronavirus del gigante sudamericano son los mensajes que ha entregado su Presidente, Jair Bolsonaro. Desde el comienzo de la pandemia el Mandatario ha evitado apegarse a las instrucciones entregadas por la OMS, minimizando constantemente la enfermedad e instando a la realización de protestas en contra del confinamiento, lo que podría haber dado una señal contradictoria a los brasileños. Esto quedó demostrado el 24 de marzo pasado, cuando a través de una cadena nacional el gobernante calificó a la pandemia de «gripezinha» (gripecita). Días después, cuando el ex ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, apoyó públicamente el confinamiento, Bolsonaro apareció dando un paseo en varias partes de Brasilia mientras se sacaba fotos con brasileños que se le acercaban, causando aglomeraciones, abrazando a la gente y saludando a personas mayores de 60 años. Paseo que repitió 10 días después en la misma ciudad, lo que podría haber sido tomado como un mensaje confuso por los habitantes.

A mediados de abril, el Mandatario asistió a una manifestación y el 3 de mayo fue a la rampa del Palacio de Planalto para ir a una reunión, cita en la cual no usó mascarilla ni respetó las medidas de distanciamiento social. «¿Y qué? Lo siento. ¿Qué quieres que haga?», le contestó a un periodista cuando le preguntó sobre las altas cifras de fallecidos en el país, declaraciones que fueron criticadas por muchos debido a que minimizaban los riesgos del virus. Los dichos de Bolsonaro sobre el covid-19 representan «un gran perjuicio e influye mucho en la población», expresó Raquel Stucchi, infectóloga de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) y consultora de la Sociedad Brasileña de Enfermedades Infecciosas. «Por un lado, vemos noticias en la televisión sobre la pandemia, sobre el coronavirus. Por otro lado, vemos al Presidente dando besos, abrazos, caminando sin máscara y atrayendo multitudes», agregó. Descoordinación entre autoridades Además de los contradictorios mensajes que ha entregado el Mandatario a la población respecto a la pandemia, otro de los errores que se han podido observar en Brasil es la descoordinación que existe entre autoridades locales, gobernadores, alcaldes y el Gobierno central en la toma de decisiones y medidas. Mientras Bolsonaro optó por privilegiar la economía y abogó por la apertura del comercio en medio de la crisis sanitaria, los gobernadores han sido los primeros en dictar medidas de confinamiento en los estados brasileños. De hecho, Sao Paulo fue uno de los primeros lugares de Brasil que cerró los colegios e implementó una cuarentena de 55 días, reveló El País de España. Por lo que los enfrentamientos entre el Presidente y el gobernador del estado de 46 millones de habitante, Joao Doria, han sido recurrentes. Bolsonaro ha criticado la postura que han tomado varios de los gobiernos estatales: «La destrucción de los empleos por parte de algunos gobernadores es irresponsable e inadmisible. Vamos a pagarlo caro en el futuro», advirtió en una manifestación, citó France24.

Para Ana Maria Malik, profesora de la Fundación Getúlio Vargas y coordinadora del Centro de Gestión de la Salud de la institución, este conflicto revela que «no hay una gobernanza nacional clara, en la que las personas puedan creer» y saber «cuál es la guía para el país y para cada región». «Los discursos no están en sintonía, lo que causa inseguridad en la población. (…) La población termina pensando que puede tomar sus decisiones de aislarse o no, ya que los lideres no están de acuerdo entre sí», agregó. La salida de dos ministros de Salud Otro gran factor que se ha sumado a la crisis sanitaria son los cambios dentro del Ministerio de Salud brasileño en medio de la pandemia. El 16 de abril pasado, Bolsonaro destituyó a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, en medio del aumento dramático de casos de la nación. Esto, debido a que la entonces autoridad sanitaria defendió la medidas de aislamiento social entregadas por la OMS, postura que no era respaldada por el Presidente. En su reemplazo, entró a liderar el Ministerio el oncólogo Nelson Teich, que renunció a menos de un mes de asumir el cargo tras, haber criticado un decreto del Mandatario que permitía la reapertura de gimnasios y peluquerías. «Por un lado, vemos noticias en la televisión sobre la pandemia, sobre el coronavirus. Por otro lado, vemos al Presidente dando besos, abrazos, caminando sin máscara y atrayendo multitudes» Raquel Stucchi, infectóloga de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp)»Perder a un ministro de Salud fue incómodo, pero perder dos en menos de un mes no solo es vergonzoso para Bolsonaro, sino profundamente preocupante para Brasil», señaló la corresponsal de la BBC en Brasil, Katty Watson, en esos momentos. Mientras que la doctora Raquel Martins Lana, de la Fundación Oswaldo Cruz, reflexionó ante la situación: «El cambio de administración en el ministerio en medio de la crisis ocurrió cuando recibíamos más apoyo de la población. Perdimos mucho tiempo con esto (…) Esto paralizó a toda la población, que no sabía qué hacer. Desmovilizó la gestión de la salud y, en consecuencia, a la población». Falso optimismo Otro de los factores que pudo haber influido en el rápido aumento de casos en el país sudamericano fue el falso optimismo que se hizo sentir a la población a fines de abril en Brasil. Para el epidemiólogo de la Universidad de Sao Paulo (USP) Paulo Lotufo, las autoridades que anunciaron relajamiento gradual de la cuarentena cometieron un «grave error». El 20 de abril pasado, Doria anunció que la cuarentena se podría levantar en Sao Paulo antes si se cumplían ciertos criterios. Cuando el gobernador hizo el anuncio, faltaban tres semanas para cumplir la fecha que había previsto para el inicio del relajamiento.

«El mensaje que le transmitió a la población fue ‘vayan, está bien, quedan libres’», manifestó. «De lo que nos estamos dando cuenta es que cuando impones una fecha firme, la gente ya la ha asumido». Situación con la que también concuerda Stucchi, que explicó que este tipo de anuncios dan la falsa impresión de que «todo está bien». «Esta noticia termina confundiendo mucho. La lectura de la gente es: ‘Si ya están diciendo que se va a relajar en el futuro, es porque ahora todo está bien, puedo abrir mi tienda aquí, reunirme con mis amigos’», añadió. A estos factores también se suma que el gigante sudamericano es uno de los países de la región que menos test ha realizado por millón de habitantes, alcanzando solo 350 mil a la fecha. Además, el alcalde de Sao Paulo, Bruno Covas, anunció el domingo que la mayor ciudad brasileña tiene una ocupación del 90% de sus camas UCI, lo que podría suponer un colapso del sistema en los próximos días. A esto se suma el colapso sanitario que se vive en Manaos, donde las funerarias llevan semanas saturadas. «Oremos. Fuerza al SUS (la sanidad pública). Ciencia. Paciencia. ¡Fe!», tuiteó el pasado viernes Mandetta cuando su sucesor renunció al Ministerio de Salud, un mensaje que fue leído por muchos como un reflejo de la crítica situación que atraviesa Brasil en estos momentos.

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