El recién nombrado ministro de Misiones Especiales, Masanobu Ogura, utilizó durante dos días una chaqueta que simulaba el cuerpo de una mujer en el séptimo mes de gestación.

El primer ministro japonés, Fumio Kishida, nombró como ministro de Misiones Especiales, el organismo encargado de revertir el descenso de la tasa de natalidad que atraviesa el país, a Masanobu Ogura, un exfuncionario del Banco de Japón que cobró notoriedad luego de utilizar durante dos días un traje que simulaba el cuerpo de una mujer embarazada, recoge The Japan Times.

Como parte de un proyecto de sensibilización organizado por la división juvenil del Partido Liberal Democrático, en abril del año pasado Ogura y otros dos legisladores portaron, mientras realizaban sus actividades cotidianas, un traje que simulaba el cuerpo de una mujer en el séptimo mes de embarazo.

La finalidad era comprender el esfuerzo que supone llevar un hijo en el vientre.

El funcionario comentó que había sufrido dolores en la espalda al usar la chaqueta, de 7,3 kilos. Además, dijo haberse preocupado de que otros pasajeros del metro le golpearan o chocaran al viajar en un tren abarrotado.

«No indica que tenga opiniones más significativas sobre la política [demográfica] que otras personas.

Pero ciertamente, ahora siento que quiero dedicar más de mi limitado tiempo como legislador a apoyar a las mujeres embarazadas», apuntó el ministro luego del experimento.

Durante la conferencia de prensa sostenida tras su nombramiento, Ogura señaló que su prioridad será mejorar las políticas públicas que incentivan a la población a tener hijos, así como aquellas enfocadas en apoyar a las familias que ya los tienen.

«El momento de la verdad es ahora», enfatizó.

De acuerdo a los datos del Ministerio de Sanidad, en 2021 se registraron 811.604 nacimientos, la cifra más baja desde que hay registros, mientras que 1,44 millones de japoneses murieron.

Esta situación, comentó Seiko Noda, extitular del Ministerio, en julio pasado, responde a un sistema político dominado por los hombres que muestra «indiferencia e ignorancia» hacia los factores que fomentan una baja tasa de natalidad, que, recalcó, se ha convertido en una amenaza cada vez más seria para la economía nipona.

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