A 80 años del asesinato de León Trotski, uno de los mayores crímenes

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A 80 años del asesinato de León Trotski, uno de los mayores crímenes políticos de la historia

El 20 de agosto de 1940, y por orden de Joseph Stalin, el español Ramón Mercader clavó un picahielo en la cabeza del otrora líder soviético, quien murió al día siguiente en México.

Un muro baleado perdura como huella del ataque al que sobrevivió León Trotski en Ciudad de México en 1940, preludio de su asesinato tres meses después a manos de un despiadado agente de Stalin. «Ya me familiaricé» con la muerte, afirmó Trotski tras el atentado del 24 de mayo en su casa del barrio de Coyoacán, hoy un museo donde reposan sus restos junto a un monumento que tiene esculpidos el martillo y la hoz.

«A través de medio mundo me ha seguido el negro odio de (Joseph) Stalin», comentó al diario El Universal este líder de la revolución rusa, cuyo verdadero nombre era Lev Davidovich Bronstein. Esa persecución, que cubrió de tragedia a su familia y lo empujó a una vida itinerante, llegó a su fin el 21 de agosto de 1940 después que Ramón Mercader, comunista español que se había ganado su confianza, le clavara un día antes un picahielo en la cabeza. «Fue un crimen ideológico, simbólico», comentó a la AFP el cubano Leonardo Padura, quien investigó el asesinato durante cinco años para su novela «El hombre que amaba a los perros», en la que teje las vidas de Trotski y Mercader con la ficticia de un escritor que conoce al homicida en La Habana. Mercader vivió en Cuba en los años 1970.

«Seguramente se debió a las circunstancias del momento, a que no había necesidad de reunirse», señala a la AFP Cuauhtémoc Cárdenas, político e hijo del gobernante. Acompañado de su esposa Natalia Sedova, el fundador del Ejército Rojo fue recibido en el puerto de Tampico por la pintora Frida Kahlo, con quien se rumorea que tuvo un romance. «A su llegada se mezcla con un grupo de personajes que coinciden en esos momentos en un México explosivo, empezando por Rivera y Kahlo», refiere Padura.

La tumba del líder soviético se encuentra en la que fuera su casa en el barrio de Coyoacán, ahora convertida en un museo (Foto: AFP). Del mundo del arte también vendrían las balas, pues David Alfaro Siqueiros, otro de los grandes muralistas mexicanos, participó en la intentona del 24 de mayo. Estas circunstancias, sumadas a la forma en que fue asesinado, dieron un aura especial al exilio de Trotski, que tuvo como particularidad que la persecución nunca cesó, observa Padura. Veredicto popular Arriesgándose a la especulación histórica, el novelista cubano (Premio Princesa de Asturias 2015) cree que, de haberse impuesto a Stalin, Trotski hubiera abordado con más pragmatismo las contradicciones del modelo soviético.

Pero posiblemente hubiera aplicado métodos similares a los de su verdugo, apunta el escritor, evocando una reflexión suya que molestó a los trotskistas. «Trotski se hubiera dado cuenta que en lugar de matar a 20 millones de personas, solamente había que matar a un millón, pero al millón que era necesario. Esa pudiera haber sido una de las diferencias», dice.

Ocho décadas después de su muerte, la figura del político soviético sigue polarizando. «Trotski», la serie distribuida por Netflix en 2019 pero producida por el principal canal estatal ruso, muestra al protagonista como un villano. La familia, que interpretó la caracterización como la de un anciano decrépito y senil, se negó a dejar grabar en la casa-museo. En sus viajes presentando la novela, Padura cree haber encontrado un veredicto popular a la pugna histórica. «Por haber estado fuera del poder, la figura de Trotski alcanzó la dimensión que todavía tiene y por la cual hoy te encuentras gente que te dice ‘soy trotskista o tengo inclinaciones por el trotskismo; y es muy difícil que te encuentres a alguien que te diga soy stalinista o tengo inclinaciones por el stalinismo’».

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