Lo que sabemos que no sabemos de la economía dominicana

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Lo que sabemos que no sabemos de la economía dominicana en 2020 y 2021

Donald Rumsfeld afirmó hace años, refiriéndose a Irak que: “Hay cosas que sabemos que sabemos, cosas que sabemos que no sabemos, pero también hay cosas que no sabemos que no sabemos”. Guardando la distancia, las circunstancias y la temática, aquí un traslado a la economía dominicana.

Se sabe que el endeudamiento es un alivio para la economía, pero, ¿cuál ha sido su grado de efectividad en la actual coyuntura?
Resulta imposible por la condición de economía menos desarrollada, que los países puedan ser financieramente autárquico, a no ser que sometan a sus ciudadanos a niveles extremos de precariedad. Ante el insuficiente ahorro nacional, el endeudamiento es un complemento necesario y sostenible, si se garantiza su repago.

República Dominicana durante el 2020 se endeudó como nunca. La deuda del sector público no financiero creció en US$ 8,577 millones, una parte de ese monto ayudó a mitigar el impacto negativo del incremento de la pobreza monetaria general en 13.3 puntos porcentuales, pero en término económico se desconoce el efecto que tuvo en cuanto a sí evitó que se contrajera más que el -6.7 % registrado en 2020 y lo que pasará en 2021.

República Dominicana entiende que la economía necesita recursos financieros, pero, ¿podrá la economía continuar endeudándose?
La sostenibilidad de la deuda pública es una condición que se debe procurar y mantener, para ello se tiene que garantizar la capacidad de pago en el tiempo oportuno. Hasta ahora el país ha cumplido con el servicio de la deuda; sin embargo, con caídas del PIB o menor intensidad en su crecimiento y mayor deterioro en la posición de la inversión internacional deudora, no podrá garantizarse sin consecuencias.

El tope del endeudamiento no resulta fácil cuantificarlo, pero aproximarnos es posible y no dejarnos guiar como un credo del indicador Deuda/PIB, sin mayores detalles, sería una buena señal del manejo de la deuda. Una regla fiscal aportaría para desendeudarnos.

La mayoría consentimos que conviene reducir el déficit fiscal, pero, ¿en tiempo de COVID es la prioridad?
A finales de 2020 se anunció la formulación del presupuesto de 2021 y se indicó que el déficit fiscal previsto se reduciría de un 7.7 % a un 3.0 %. Se quiere proyectar la imagen que se está reduciendo el gasto; pero en tiempo de recesión y promoción de la recuperación la evidencia indica que una política restrictiva es contraproducente.

No sabemos si al finalizar el 2021 se logrará reducir el déficit fiscal, al tiempo de hacer crecer la economía en un 5.0 %. Lo lamentable es que ya para ese tiempo nada se podrá hacer, dado que es la opción que las autoridades han preferido que podría dilatar la recuperación; la de esta opinión favorece mantener la política fiscal expansiva con acento en el gasto de capital.

Conocemos que la Tasa de Política Monetaria (TPM) ha beneficiado a las tasas de interés bancaria del país, pero, ¿qué tan efectiva ha sido para la inflación subyacente?
La TPM fue reducida durante el 2020 en 1.5 puntos porcentuales y ha quedado situada en un 3.0 % y existe evidencia empírica que ha jugado su papel en el efecto transmisión hacia la disminución de las tasas de interés activa y pasiva de la banca.

La tasa de inflación general se ubicó en un 5.5 % en el 2020, superando el techo de la meta de inflación; por su lado, la inflación subyacente -asociada al grado de efectividad de la TPM-, se ubicó cercano al techo, con un 4.77 %. Lo anterior aconteció en un ambiente en el que la tasa de TPM bajó. Este juicio no consideró la incidencia que pudo haber tenido el índice internacional de precios y cómo se movió la tasa de inflación no subyacente, como para evaluar con mayor exactitud la efectividad de la TPM de 2020.

Se conoce que el empleo se ha recuperado, pero ¿qué tiempo se necesitaría para recuperarlo plenamente?
La epidemia obligó a disponer el cierre parcial de las actividades comerciales y productivas, derivando en un aumento en la tasa de desempleo abierta, al pasar de un 3.1 % a un 7.1 %. Al abrir la economía el país ha ido recuperando el nivel de empleo; sin embargo, como está lejos de situarse en los niveles previo al coronavirus, también al empleo le ha ocurrido lo propio, razón por la cual no se estaría en condiciones de estimar la exactitud la recuperación del empleo, con el agravante de la incertidumbre que afecta a la economía internacional y local.

Sabemos que la economía crecerá en 2021, pero con seguridad no podemos afirmar, ¿de cuánto será el crecimiento y en qué tiempo podríamos situarnos al nivel de 2019?
La previsión del crecimiento del PIB para el 2021 se sitúa en 5.0 %, pese a que el panorama económico local e internacional permanece incierto -aun con vacunas y con inoculación-, escenario que coloca en igualdad de inexactitud la cuantificación de la recuperación de la economía, dado la desviación del desempeño respecto a las proyecciones que se realizaron en 2020 a la economía mundial y nacional.

Se sabe que la pobreza ha aumentado, pero desconocemos en ¿qué tiempo y magnitud se debe reducir para alcanzar el nivel pre pandemia?
En la métrica que cuantificó el impacto de la epidemia sobre la pobreza se conoce que los programas sociales ayudaron a mitigar el impacto negativo en la pobreza extrema en 2.1 puntos porcentuales y la pobreza moderada monetaria en 3.9 puntos porcentuales, como parte del rol positivo de transferencias monetarias.

El desmonte de algunos de los programas y la reestructuración de otros, así como la incertidumbre en la recuperación de la economía, resulta difícil predecir el tiempo y magnitud en que el país podrá retornar los niveles de pobreza que había al 2019.

Hay consenso que el pacto fiscal ayudaría a las finanzas públicas; sin embargo, ¿es el momento para acordarlo e implementarlo?
No solo porque es un mandato de ley, sino por los déficits presupuestarios recurrentes, la ausencia de espacio fiscal y la sostenibilidad de la deuda, se justifica el pacto. El país deberá alcanzar un consenso para un pacto fiscal viable, la incógnita está en si en un momento de contracción económica, bajas expectativas empresariales y de los consumidores, será prudente emprender su discusión, aprobación e implementación.

República Dominicana perdió la oportunidad de tener un pacto fiscal en tiempos de normalidad de la economía internacional y local; ahora es una variable adversa, a no ser que se tomen riesgos, incluso los no calculados.

Mientras quedan pendiente las respuestas precisas a las 8 preguntas formuladas, en muchas partes del mundo se ha iniciado el proceso de vacunación y otros están a la espera de iniciarlo cuando tengan acceso, ese panorama complica la recuperación económica con certeza y por supuesto, en 2021 nos quedaremos situados en saber lo que no sabemos de la economía dominicana.

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