La segunda ola del Covid en la economía


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La segunda ola del Covid en la economía

La primera ola de la pandemia del Covid-19 devastó a la salud pública y a la economía mundial; los casos comprobados se elevaron en forma exponencial, la tasa de letalidad mundial se elevó al 7% y las economías de los países se desplomaron casi el 30% a ritmo anualizado.

Ante la falta de una vacuna, el distanciamiento era –y sigue siendo- el único método efectivo para detener la pandemia, pero ese mecanismo destruye las bases de la economía moderna, basada en la especialización y en el intercambio.

Cuatro factores facilitaron la reversión gradual de esta situación: a) el distanciamiento permitió reducir la tasa de crecimiento de los casos comprobados de casi el 2% diario a menos del 1%; b) la tasa de letalidad diaria se redujo del 20% a poco más del 1%, lo que permitió bajar la tasa total al 2,5%; c) la diferencia entre la tasa de letalidad entre los mayores y los menores de 60 años facilitó un manejo más efectivo del distanciamiento, y en conjunto con un mayor números de testeos permitió un mejor manejo de la salud pública y de la economía; y d) las economías comenzaron a rebotar en el mismo instante en que se flexibilizaron las medidas de distanciamiento (por decisiones gubernamentales o propias de la población) y disminuyeron los temores.

En el campo económico esta reversión se observa en la evolución del PBI, de la producción industrial y de las ventas minoristas de la casi totalidad de los países.

En Estados Unidos, el PBI se desplomó en el segundo trimestre a un ritmo anual del 31,4% y se recuperó en el tercero a un ritmo anual del 33,1%, mientras que en Europa se desplomó a un ritmo anualizado del 45% en el segundo trimestre y se recuperó casi 50% en el tercero. En China se observó el mismo comportamiento, pero anticipado un trimestre porque el peor momento de la pandemia se dio antes, y es el único país que muestra ya un crecimiento interanual positivo en el tercer trimestre.

Las cifras de la producción industrial permiten apreciar mejor la dinámica de la economía puesto que se publican con una periodicidad mensual. Estas cifras muestran que en la mayoría de los países (incluyendo a la Argentina) se registraron bajas importantes de la producción durante dos meses y que comenzó a recuperarse en el tercer mes, aunque sin recuperar aun (con la excepción de China) los niveles previos a la pandemia.

Las bajas en esos primeros dos meses fluctuaron entre el 20% en los Estados Unidos y el 70% en India, mientras que en el caso argentino la baja de la producción industrial entre marzo y abril fue del 32,7%.

Con respecto a las ventas minoristas, su total llegó a caer más del 20% en el mes de abril con relación al momento previo a la pandemia (tanto en los Estados Unidos como en Europa), pero en el último dato ya se observan subas interanuales.

El impacto sobre los sectores fue muy disímil, cayendo más del 80% en indumentaria, hotelería y gastronomía, y con subas en las ventas on-line, de alimentos y de tecnología.

La continuidad de estas mejoras está nuevamente en dudas, al surgir nuevos rebrotes de la pandemia en los Estados Unidos, Europa y algunos países del Medio Oriente (no así en Asia ni en América Latina).

De hecho, el total de nuevos casos alcanzó nuevos records en la última semana, lo mismo que en los Estados Unidos, Canadá y varios países europeos, lo que llevó a la reimposición de nuevas medidas restrictivas y de distanciamiento.

Es imposible que estas nuevas medidas no afecten a la economía, pero las características de esta nueva ola y el aprendizaje de la primera deberían contribuir a que los impactos económicos sean significativamente más leves.

Dos de los elementos más importantes que justifican esta conclusión son: la baja en la tasa de letalidad marginal (durante la última semana rondó el 1,5%) que se ve a través de todos los rangos etarios (según un artículo del Centre for Evidence-Based Medicine de la Universidad de Oxford), y la menor dureza de las medidas de confinamiento que están imponiendo las autoridades (restricciones en ciertas franjas horarias en lugar de restricciones totales).

Existen varias explicaciones sobre los factores que explican la baja en la tasa de letalidad y que pueden contribuir a minimizar los impactos económicos de esta nueva ola de contagio. Entre ellos se destacan las mejoras en el tratamiento de la enfermedad, la incorporación a las mediciones de personas asintomáticas o con pocos síntomas (al incrementarse los testeos) y una menor potencia del virus, etc.

Adicionalmente, las discrepancias entre los indicadores de circulación de automotores y de personas, y la aparente dureza de las medidas de confinamiento (Oxford Stringency Index) muestran que la población cumple solo parcialmente las medidas gubernamentales y se maneja más en base a sus propias necesidades y temores. En algunos casos (por ejemplo, Brasil) la circulación es mayor a la registrada en los meses de enero y febrero, a pesar de las medidas gubernamentales restrictivas.

Por último, el anuncio de la potencial efectividad de algunas vacunas también podría estar modificando el comportamiento de la población. Por lo pronto, este cambio de actitud ya se reflejó en los mercados con subas en el precio de las acciones de las empresas farmacéuticas, aeronáuticas y de turismo, y bajas en empresas tecnológicas (Netflix, Zoom, etc.).

Esperemos que los avances en materia sanitaria, medidas de distanciamiento más balanceadas y un comportamiento disciplinado de la población permitan atravesar este nuevo desafío con mejores resultados en materia sanitaria y económica.

Ricardo Arriazu es economista.

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