La tuberculosis (TB) en los niños es una infección bacteriana contagiosa que afecta a los pulmones, pero que también puede propagarse a otros órganos. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), la edad pediátrica tiene más probabilidades de desarrollar formas de esta patología que pongan en riesgo la vida.
Los datos preocupantes no acaban aquí, pues estudios científicos calculan que podría tratarse de la enfermedad infecciosa más prevalente del mundo. Considerando su forma latente, se estima que el 33 % de toda la población global presenta la bacteria. Por ello, conocer los síntomas y la prevención de la tuberculosis en los niños se hace esencial.
Según el estudio citado, más del 10 % de los casos de tuberculosis detectados de forma anual suceden en niños. La Organización Mundial de la Salud (OMS) arroja una serie de datos esclarecedores en lo que a la situación de la patología se refiere. Algunos de ellos son los siguientes:
Esto no es todo, pues otros estudios epidemiológicos subrayan que los niños pequeños tienen más probabilidades de que la bacteria se disemine más allá de los pulmones, lo que genera un pronóstico mucho más delicado. Por todas estas razones, conocer los síntomas de la enfermedad en infantes se hace vital.
Para saber más: Tratamiento de la tuberculosis
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa del aparato respiratorio causada por el microorganismo Mycobacterium tuberculosis. La principal vía de transmisión es la inhalación de micropartículas de saliva de personas infectadas, ya sea por sus toses, estornudos, cantos o simplemente al hablar.
Como con todas las enfermedades infecciosas, existen grupos específicos que presentan un mayor riesgo de contraerla. En niños, según el portal profesional Healthychildren, son los siguientes:
En este punto, es necesario acotar que la mayoría de los niños infectados con tuberculosis no enferman, es decir, son portadores asintomáticos. Según la CDC, esto se debe a que, en general, la forma de la enfermedad presente en infantes es menos agresiva que la de adultos. Además, sus cargas bacterianas en las mucosas son menores y su tos es menos eficaz.
La cuestión cambia cuando el niño presenta un sistema inmune deprimido y, por ello, el 24 % de los infantes que mueren por tuberculosis presentan una infección de VIH asociada, según reportes de la OMS. Aún así, los que presentan síntomas pueden mostrar algunos signos como los siguientes:
La baciloscopia es el método a seguir, pues se basa en la tinción diferencial de la muestra de esputo del paciente (donde las bacterias patógenas se diferencian por un color rojizo del resto). De todas formas, la microscopía solo detecta la mitad de los casos y no aporta información sobre la posible resistencia a los fármacos de la bacteria.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud recomienda el uso del test Xpert MTB/RIF®, una prueba que detecta la presencia del patógeno y su grado de resistencia a la rifampicina, el antibiótico más extendido para combatir la enfermedad. Por desgracia, este organismo subraya que en niños, detectar la enfermedad es especialmente complicado.
Es necesario acotar que, según la progresión de la enfermedad en el infante, podemos detectar dos tipos de tuberculosis en niños. En base a informes de la Universidad de Rochester, las dos variantes principales son las siguientes:
En general, la radiografía de tórax es el diagnóstico diferencial entre una variante latente y otra activa. Si el niño da positivo en una prueba sanguínea o cutánea, pero sus pulmones están libres de la bacteria, los padres pueden estar tranquilos: es portador, pero no corre peligro inmediato.
Aún así, siempre existe el riesgo de que la bacteria comience a multiplicarse. Así, según fuentes ya citadas, el médico recetará al infante el medicamento isoniazida (INH) durante 6 a 12 meses, un fármaco muy efectivo de primera línea que evita que la enfermedad progrese.
En el caso de una infección activa, el tratamiento no se reduce a un solo medicamento. Hay que administrar cuatro antimicrobianos diferentes al infante durante un mínimo de seis meses, siguiendo un protocolo estricto de dosificación.
La complicación aparece cuando la cepa bacteriana causante de la enfermedad es multirresistente ante diversos antibióticos. En algunos casos, se puede requerir hasta la aplicación de quimioterapia de larga duración o la administración de fármacos más agresivos por 24 meses.
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Si bien muchos de los niños infectados con tuberculosis son asintomáticos durante toda su vida, el riesgo de diseminación de la bacteria a otros órganos es más alto entre los 0-4 años de edad que en cualquier otro grupo poblacional.
Por ello, es esencial realizar las pruebas diagnósticas pertinentes en el infante ante la sospecha de una infección por esta bacteria. Factores como un miembro de la familia contagiado, crecer en un país donde la prevalencia de la enfermedad es alta o no tener un hogar predisponen al niño al contagio.
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