La hipertensión arterial es un trastorno que se produce cuando la presión del flujo sanguíneo de las arterias se eleva con respecto a los valores de referencia. Este fenómeno entraña serios riesgos cardiovasculares.
En primera instancia, se produce un fenómeno compensatorio en el corazón, que se hipertrofia y aumenta su fuerza de bombeo para compensar este aumento de la presión.
Sin embargo, este sobreesfuerzo del corazón no se acompaña de un aumento en el riego sanguíneo, por lo que aumenta el riesgo de insuficiencia cardiaca y de angina de pecho.
Por otra parte, la alta presión que sufren los vasos sanguíneos los hace más susceptibles a la aparición de trombosis (taponamiento de los vasos) o arteroesclerosis (acumulación de placas de colesterol en los vasos).
Este tipo de trastornos en los vasos sanguíneos pueden tener consecuencias graves, produciendo infartos de miocardio o ictus (infarto cerebral).
Por último, en los casos más graves, la hipertensión arterial puede acabar en una dilatación del vaso (aneurisma) o incluso en una ruptura del mismo.
En líneas generales, el tratamiento para las personas que sufren de hipertensión arterial consiste más o menos en mantener un estilo de vida saludable y seguir las pautas del médico en lo que respecta a ingestión de fármacos. Veamos esto con más detalle a continuación.
Como primera medida a implementar en los casos de hipertensión arterial, el médico recomendará introducir ciertos cambios en el estilo de vida que ayudarán a normalizar los valores de presión arterial y mejorarán la eficacia de los fármacos antihipertensivos.
En este tipo de tratamientos, el factor determinante suele ser el grado de compromiso del paciente a la hora de seguir o no las pautas dadas.
Algunas de ellas son:
Primeramente, se debe tener en cuenta que el tratamiento farmacológico no debe emplearse como un sustituto de otro tipo de tratamientos alternativos, sino como una medida de ayuda complementaria.
El tratamiento farmacológico está especialmente indicado en personas de grupos de riesgo, ya sea por presentar hipertensión arterial o por padecer otro tipo de patologías añadidas como diabetes, colesterol u obesidad.
En la mayoría de los casos de hipertensión no se administra un único tipo de fármaco, si no que se trata de dar con la combinación óptima de varios.
Los efectos de estos fármacos varían mucho entre pacientes, ya que dependen en gran medida del metabolismo de la persona que los consuma. En ocasiones, el médico puede recomendar la toma de varios de estos medicamentos en dosis bajas antes que de uno solo en altas cantidades.
En definitiva, controlarse la presión en casa, mantener buenos hábitos alimenticios, beber suficiente agua a lo largo del día, evitar la ingesta de alcohol y de sodio son medidas clave en el tratamiento de la hipertensión arterial.
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