La meningoencefalitis amebiana primaria es una enfermedad poco común que afecta al sistema nervioso. Así, afecta tanto al encéfalo (compuesto por el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo) como a la médula espinal del mismo.
Por tanto, es la meningoencefalitis amebiana primaria es una enfermedad con una elevada tasa de mortalidad, cercana al 99 % Esto se debe a que este subtipo de ameba destruye progresivamente el tejido nervioso de las regiones alteradas.
Las señales asociadas a este trastorno suelen presentarse entre 2 y 15 días después de la exposición al patógeno.
Ver también: Anticonvulsivantes
Por norma general, el diagnóstico es un proceso médico de difícil realización debido al poco tiempo de vida que presentan los pacientes.
Así, los métodos más comunes a fin de identificar esta enfermedad y descartar otras posibles son:
Esta patología está causada por la parasitación de la ameba Naegleria fowleri. Por norma general este tipo de microorganismos habitan en aguas contaminadas o estancadas.
Sin embargo, solo pueden alcanzar el sistema nervioso de una persona a través de la mucosa o capa interna de la cavidad nasal. Así, la infección comienza en el bulbo olfatorio (que contiene receptores olfativos) y puede alcanzar diversas partes del encéfalo. El proceso de invasión y propagación suele durar entre 1 y 2 semanas.
Normalmente, tras este periodo limitado de tiempo el paciente no puede soportar la patología y fallece.
En la actualidad se continúan realizando investigaciones con el objetivo de mejorar los tratamientos contra la enfermedad. Sin embargo, la limitada esperanza de vida de los pacientes con este problema impide determinar cuáles son los mejores fármacos o terapias.
Las pruebas que se realizan con el objetivo de detectar este microorganismo se llevan a cabo en la etapa final de la patología.
Esto se debe a que los pacientes suelen presentar síntomas poco específicos en los primeros días tras la exposición al patógeno.
Por norma general se le administra al sujeto medicamentos antifúngicos como anfotericina B por vía intravenosa.
Este compuesto químico también es usado para tratar otros casos clínicos de parasitismo (como en la leishmaniasis, por ejemplo).
Por otra parte, podemos citar una serie de medidas sencillas que permiten reducir considerablemente el riesgo a padecer el trastorno:
En este tipo de pacientes, el sistema inmunitario todavía está en proceso de desarrollo.
Esto significa que las “defensas” del organismo necesitan hacer un esfuerzo extra para destruir el patógeno.
Así, la gravedad del cuadro empeora cuanto menor sea el paciente y además, los síntomas serán más llamativos.
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