Las crisis epilépticas son alteraciones paroxísticas que se dan en una persona de forma brusca e inesperada. Por lo general, su final es rápido. Se deben a una actividad anormal de las neuronas que se manifiesta súbitamente, de forma breve y transitoria.
Lo más característico de estas crisis es que comienzan repentinamente y duran unos pocos segundos o minutos, a veces. Mientras se desarrolla el episodio es posible que la persona pierda el conocimiento y que haga movimientos rítmicos, bruscos e involuntarios. También es posible que la persona permanezca consciente de todo lo que le pasa durante toda la crisis.
Según la Organización Mundial de la Salud, hay alrededor de 50 millones de personas con epilepsia en el mundo y el 70 % de ellas podría vivir sin convulsiones si se diagnosticara y tratara adecuadamente la enfermedad.
Las crisis epilépticas se dividen en dos grandes grupos:
Las crisis generalizadas, a su vez, se subdividen en varias clases:
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Las crisis epilépticas parciales simples son muy comunes. Se dan con pérdida del conocimiento y, dependiendo del lugar del cerebro en donde se haya originado, los síntomas varían. Pueden ser:
Las crisis parciales complejas también generan pérdida de la conciencia. Mientras se desarrollan, puede que la persona no responda a estímulos o lo haga de forma incoherente.
A veces, el cuerpo hace movimientos automáticos como chupeteos, intentos de tragar o masticar, frotación de manos, etc. Al finalizar, la persona permanece confundida varios minutos.
Por último, existe un tipo de crisis conocido como parcial con generalización secundaria. Se trata de crisis epilépticas que comienzan focalizadas en un sector del cerebro, pero que tienden a propagarse por todo el órgano y se convierten en generalizadas.
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Cuando una persona sufre una crisis epiléptica es posible ayudarla. Lo primero que se debe hacer es conservar la calma. Luego, se deben quitar del alcance de la persona todos aquellos objetos con los que puede lastimarse: muebles con aristas filosas, jarrones, tijeras, etc.
Si se ha desplomado, se le debe colocar algo blando bajo su cabeza, para que no se golpee contra el suelo. Una vez realizadas estas acciones, se recomienda aflojarle las prendas de alrededor del cuello, como corbatas, cuellos de camisa, etc. Después, hay que colocar de lado el cuerpo para que pueda respirar sin dificultad.
Es importante observar la duración de la crisis epiléptica, que normalmente va de dos a tres minutos. Mientras dura la crisis, hay que permanecer al lado de la persona afectada y controlar que vuelva en sí cuando concluya. Es importante chequear que se recupere gradualmente, sin ejercer presión y dejándole descansar.
No se debe buscar inmovilizar a la persona, ni introducir ningún objeto o los dedos en su boca. Tampoco es necesario practicar respiración boca a boca. En general, las crisis duran pocos minutos y no requieren hospitalización. En caso de que dure más de cinco minutos, se debe buscar atención médica urgente.
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