¿Te has sentado a meditar y, apenas unos segundos después, te has descubierto pensando en la lista de la compra? ¿O repasando aquella conversación de trabajo? Terminas por pensar que nunca podrás meditar, desistes y no lo vuelves a intentar. Pues, todo lo contrario, ese momento en el que te das cuenta de que te has distraído no es un fracaso. Eso es exactamente lo que tiene que pasar, es el objetivo mismo de meditar. Te explicamos más.
La mayoría de la gente cree que meditar consiste en vaciar la mente por completo, pero la verdad es otra. Meditar no es dejar de pensar: es darte cuenta de que estás pensando. Cada vez que notas que te has distraído y vuelves a la respiración, intentando concentrarte de nuevo, fortaleces tu atención.
Los neurocientíficos han escaneado cerebros de personas mientras meditan y han descubierto que, cuando se distraen y luego retoman la concentración, se activan redes cerebrales diferentes en secuencia. Primero, la mente divaga y se activa la red de modo predeterminado. Luego, se identifica la distracción y entra la red de saliencia. A continuación, se cambia el foco y trabaja la red ejecutiva. Y, finalmente, se vuelve a la respiración y la concentración activando la atención sostenida.
De esta forma funciona el sistema de nuestro cerebro al meditar y, si la práctica es sostenida, se pueden conseguir cambios físicos en el órgano. Por ejemplo, aumenta la materia gris en zonas relacionadas con la memoria y la autoconciencia, y disminuye en la amígdala, el centro del estrés.
Ahora bien, es necesario destacar que notar la distracción por sí solo no es suficiente, lo que cuenta es cómo reaccionas ante ella. Ser gentil contigo mismo, no culparte o criticarte, es lo que hará que tu cerebro aprenda y se reconfigure. Además, vale la pena prestar atención a tus distracciones, pues muchas veces son mensajes que te envía tu mente.
Aquello que te distrae no necesariamente es aleatorio. Si siempre acabas pensando en esa conversación pendiente, en la reunión de mañana, o en ese proyecto que llevas posponiendo, tu cerebro te está enviando información valiosa. Esas cosas a menudo están conectadas con necesidades, miedos o deseos más profundos.
La meditación crea las condiciones para que todo ese contenido que normalmente está bajo la superficie surja y, cuando lo observas sin juzgarlo, empiezas a conocerte mejor. Entonces, lo importante es aprender a gestionar el momento y para ello te damos algunos consejos para hacerlo:
Cada vez que notas que tu mente ha divagado, estás pasando de piloto automático a conciencia plena, y eso, repetido muchas veces, cambia cómo funciona tu cerebro. Así que la próxima vez que te sientes a meditar y te pilles pensando en el supermercado, alégrate. Has tenido un momento de despertar y ahora puedes elegir volver.
Al final, meditar no se trata de alcanzar un estado perfecto libre de pensamientos. Se trata de desarrollar la capacidad de relacionarte con tus pensamientos, distracciones y dificultades, con más sabiduría y menos resistencia.
La entrada Perder la concentración al meditar no es un fallo, es justo lo que tu mente necesita se publicó primero en Red De Noticias.
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